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Inversión y productividad. Somos parte de una economía global en permanente expansión. México, sin embargo, no ha sido capaz de mantenerse al corriente. En el último año, crecimos tan sólo 2%, mientras que las otras 24 principales economías emergentes crecieron, en promedio, casi 5%. A primera vista, esta diferencia parece pequeña, pero en un periodo de tan sólo 5 años equivale a 17% del PIB. Es decir, equivale a una producción anual de $100,000 millones de dólares, o seis veces más que nuestras exportaciones de petróleo. El crecimiento mundial está basado en una constante inversión en capital y nueva tecnología. Para lograr crecer más de 5% al año, es fundamental ser parte de este proceso. La clave está en promover la inversión y, crucialmente, en adoptar los nuevos cambios tecnológicos lo antes posible. Sin nueva inversión no habrá suficientes trabajos, y sin nueva tecnología los mexicanos simplemente no podemos competir con el resto del mundo. En la nueva economía global, para atraer inversión extranjera directa y nuevas empresas, es necesario ofrecer condiciones más favorables que nuestros vecinos. Pero este proceso de competencia lo estamos perdiendo. Hace una década, México atraía cerca del 10% de la inversión mundial dirigida a economías en desarrollo. Hoy, este número es tan sólo un 5%. Simultáneamente, la inversión extranjera directa en economías asiáticas se ha disparado. Por ejemplo, Hong Kong, una economía tres veces más chica que la nuestra, ha logrado atraer hasta el 25% de la inversión extranjera mundial. Este proceso se refleja inmediatamente en la productividad laboral y los salarios reales. En la última década los salarios en México prácticamente no han cambiado, mientras que algunos países asiáticos se han duplicado. Cada año, inversionistas extranjeros destinan cerca de $300,000 millones de dólares a países en desarrollo en forma de inversión productiva directa. Para ganar en el proceso de competencia global, hay que comenzar por atraer una mayor fracción de esta inversión. Si logramos atraer, como hace una década, el 10% de este capital, contaremos con $15,000 millones de dólares adicionales de inversión productiva cada año, un monto comparable al total de nuestras exportaciones petroleras anuales. Atraer $15,000 millones de dólares adicionales de inversión extranjera directa implicará aumentar la inversión total en México en más del 10% de su valor actual, un aumento equivalente a 2.5% del PIB. La clave está en usar estos nuevos recursos para construir una plataforma tecnológica que nos acerque a los niveles mundiales de productividad. A partir de la firma del TLC, la participación mexicana en los mercados globales se ha concentrado en sectores intensivos en mano de obra que no utilizan tecnologías de punta. Esto se refleja, por ejemplo, en el crecimiento del sector de maquila. El problema es que el éxito de este esquema se basa en utilizar mano de obra barata y no en aumentar los niveles de productividad; lo cual nos condena a una trampa en la que los salarios reales simplemente no pueden aumentar. ¿Cómo atraer inversión y nuevas tecnologías? Las opciones son muy claras, y menos demandantes en términos del consenso político necesario para hacerlas realidad (reformas constitucionales o reformas estructurales). Las alternativas son básicamente tres y se desprender de las recomendaciones de las principales área de investigación económica del mundo para países con niveles de desarrollo medio (países emergentes):
Esos son tres pasos para empezar a caminar después de casi cuatro años de parcial estancamiento. Son tres pasos que hicimos realidad en Tamaulipas, y que pueden aplicarse a México.
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