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Política Fiscal y Política Social: El vínculo olvidado. Los modernos estados nacionales, a diferencia de los estados del siglo XIX e inicios del siglo XX que existían básicamente para mantener el orden público y proteger los contratos privados, se legitiman por medio de su política social.En las democracias desarrolladas, específicamente en los países miembros de la OECD, hasta un 80% del gasto público se destina a servicios sociales, construcción de infraestructura, pago de pensiones, inversión en salud, educación y asistencia a las personas en situación más desaventajada. En ese sentido, la administración pública moderna es una estructura de redistribución y creación de bienes públicos y, obviamente, lo que hace eso posible es la recaudación fiscal. Los impuestos que el gobierno recaba son básicamente los recursos que una sociedad redistribuye para lograr niveles de bienestar aceptable para cada uno de sus miembros individuales. Así, un Estado con baja recaudación es un Estado que poco o nada puede hacer para crear las condiciones de crecimiento en el largo plazo. Es un Estado que se convierte en una carga para la economía. Los impuestos recabados demuestran la voluntad de una sociedad para redistribuir de una manera más justa los recursos que genera y para financiar las bases de un desarrollo sostenible. Menos recaudación fiscal significa menos cooperación y acción colectiva entre los ciudadanos y, consecuentemente, menos recursos para los servicios públicos, la construcción de infraestructura y un desarrollo equitativo. En ese contexto debemos preguntarnos ¿Es el Estado Mexicano un Estado redistribuidor de riqueza? La respuesta es sí. El Estado Mexicano redistribuye hasta el 95% de los impuestos que recaba, desafortunadamente la recaudación es tan baja que su impacto no es notorio ni sustantivo. Del total de los recursos que el gobierno obtiene por impuestos 24.1% se destina a la educación, 12.3% se destina a los servicios de salud, 14.8% a la seguridad social, por poner algunos ejemplos. Ahora bien, ¿es esa redistribución suficiente para las necesidades del país? La respuesta esta vez es claramente negativa. Mientras menos impuestos se recauden menos recursos se tienen para servicios públicos. Al final, el gobierno sólo puede redistribuir en la sociedad e invertir en las bases para el desarrollo económico lo que la propia sociedad le aporta vía impuestos. En el caso mexicano los montos destinados al bienestar colectivo son claramente insuficientes. Hoy, el gobierno mexicano recibe ingresos anuales por apenas el 16.2% del PIB, esto es, contribuciones de PEMEX por cerca del 2.9% del PIB, recaudación fiscal pura por el 12.1% del PIB y un 1.2% del PIB por otros ingresos. Tomando en cuenta ese escenario, el sistema hacendario mexicano genera una de las bases fiscales más débiles en el contexto internacional. Es la más baja de los países miembros de la OECD. De hecho, la recaudación fiscal mexicana (12.1%) es la tercera parte de la recaudación promedio de los países miembros de la OECD (37%), Es menos de la mitad de la recaudación porcentual promedio de Estados Unidos, Japón y Corea (todos entre 25 y 30% en promedio anual) y es menos de la tercera parte de la recaudación en el Reino Unido, Alemania y Canadá (35 y 38% en promedio anual). La base fiscal mexicana es claramente inferior a la brasileña (33% del PIB), siendo Brasil la 10ª economía del mundo y México la 9ª, y siendo Brasil el país latinoamericano con retos de desarrollo y pobreza similares a los nuestros. La recaudación Mexicana es incluso inferior al promedio latinoamericano de 17%. De hecho nuestro nivel de recaudación sólo es comparable al de países como Honduras, Bolivia, El Salvador y Colombia en medio de su guerra civil. Pero si una base fiscal débil imposibilita la redistribución de la riqueza, el siguiente paso es preguntarse si México necesita una nueva redistribución de la riqueza. De nuevo la respuesta es sí, y probablemente con más urgencia que países centroamericanos, africanos o del sudeste asiático. En México, las cifras de población viviendo en la pobreza varían desde un 25.4 millones (World Bank-UNDP) hasta 38 millones (ONG´s) según las cifras que se empleen. En cualquier caso, para acabar con la pobreza en México en los próximos 15 años necesitamos invertir en ese rubro 4.4% del PIB anual (ONU-CEPAL), y hoy el Estado Mexicano destina a ese fin únicamente el 1.4%. Si hoy existen como mínimo 25.4 millones de mexicanos en la pobreza, hoy a ese 25% de la población nacional se le redistribuye a través de política pública apenas un poco más del 1% de la riqueza nacional. Eso debe cambiar si queremos que el país y su economía sean viables en el largo plazo. Sin mayor recaudación fiscal no hay margen de maniobra, y emprender una política social más vigorosa implicaría cancelar gastos y programas en otras áreas prioritarias. Adicionalmente, en México creemos que producto de la Revolución Mexicana y los logros sociales del Siglo XX, nuestra sociedad es menos desigual que las de naciones como Guatemala, Panamá, El Salvador, Bolivia o países africanos. Eso ya no es cierto en el inicio de siglo. Hoy el 10% más rico de los mexicanos concentra el 41.6% de la riqueza del país, en contraste el 10% más pobre de los mexicanos apenas tiene acceso al 1.2% de los recursos nacionales. El sector más rico de la sociedad posee 33.6 veces más recursos que el sector más pobre. Hoy, en un extremo el décimo de las familias mexicanas más ricas son dueñas de la mitad de la riqueza generada en el país, mientras que en el otro extremo el 10% de las familias mexicanas deben vivir con apenas poco más de una centésima parte de los recursos que año con año se generan en México. Necesitamos una reforma fiscal que redistribuya la riqueza. Veamos a otras naciones en el tema de desigualdad del ingreso:
Como se puede observar, México sólo es rebasado en la polarización de la distribución de la riqueza por un puñado de países africanos o del sudeste asiático, y salvo Nicaragua se ubica detrás de la mayoría de los países de nuestro continente. Esa es la razón por la que no necesitamos una reforma fiscal que cuadre simples cuentas contables, necesitamos una reforma fiscal integral que vuelva a dar a la recaudación de impuestos un valor re-distributivo neto, como en cualquier democracia moderna. Una reforma fiscal hecha con objetivos contables de “recortes aquí y supuestos ahorros allá” no sirve. No sirve porque no re-distribuirá los recursos. Los impuestos son el canal privilegiado para re-distribuir la riqueza en un país y en México necesitamos una reforma fiscal para eso, no para balancear sumas y restas. Así, si ya se mostró la necesidad de un nuevo esquema de redistribución fiscal y redistribución social, el siguiente paso es preguntarse ¿Qué podríamos hacer con una reforma hacendaria integral? Partiendo del supuesto de que México incrementara su recaudación únicamente del actual 12.1%, al promedio latinoamericano de 17% -ya no digamos al Europeo de 22% o al de OECD de 37%- nuestro país podría hacer muchas cosas que pueden sonar titánicas, pero que están la alcance de la mano si tenemos el valor para hacer lo correcto. México actualmente dedica al combate a la pobreza el 1.4% del PIB. Con una reforma hacendaria integral que nos colocara en el promedio latinoamericano, México podría erradicar la pobreza en 15 años, dedicando a ese rubro el porcentaje recomendado por la ONU-CEPAL de 4.4% anual, esto es un incremento de 3% del PIB en ese rubro. Aún después del incremento de recursos en el combate a la pobreza aún tendríamos un excedente financiero (1.9% del PIB) para duplicar los recursos que hoy se destinan al campo (1.26% del PIB y 7.9% del gasto gubernamental) y duplicar también los recursos que se dedican al sector comunicaciones y transporte (0.44% del PIB y 2.8% del gasto gubernamental) Por otra parte, y este es un ejemplo de valor muy significativo, el incremento en la recaudación podría pagar la deuda pública interna y externa que hoy ascienda al 22.4% del PIB en tan sólo 4 años y seis meses. En otros ejemplos de las posibilidades que podemos construir, vale la pena mencionar que si el incremento en la recaudación por sólo dos años se destinara al sector eléctrico, podríamos modernizar la infraestructura eléctrica en su totalidad, sin costo público adicional. Si se diera un incremento de 4.9% en la recaudación, cada año México obtendría por ese concepto una cantidad de recursos 1.7 veces superior a los ingresos que cada año se obtienen por la venta de petróleo. De ese tamaño son las oportunidades de desarrollo y justicia social que hoy estamos dejando escapar. Es mi hipótesis que México tiene los recursos suficientes para ponerse de pie por sí mismo, para desarrollarse y solucionar sus problemas con recursos propios. México tiene recursos suficientes para construir prosperidad, sin embargo, esos recursos están mal distribuidos y pocas veces sirven para generar las políticas públicas que necesitamos. Una reforma fiscal integral sería la solución a esos problemas, una reforma fiscal efectiva daría valor re-distributivo a los impuestos, una reforma fiscal serviría para que nuestra economía tuviera una hacienda pública legítima y que pueda coadyuvar al desarrollo nacional. Ese es el reto que hoy no podemos eludir y, sobre todo, ese es el reto que hoy podemos solucionar con nuestros propios medios. Sólo hace falta decisión. |
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